domingo, 14 de febrero de 2010

Las canchas

Esta temporada ha sido de regresos, no cabe duda. Esta vez volví al Tezozomoc. El parque que vio mi efímera faceta de corredora. La cual la podemos resumir en entrenar sábados y domingos durante 4 meses y correr la primera carrera de Televisa 10 K para darme cuenta que mis rodillas no aguantaría este nuevo hobbie. Por ello, ahora regresé en el estilo de caminata que me acomoda más.

El parque sigue igual, pero yo, sigo igual o soy otra diferente? Difícil pregunta… en algunas cosas igual en otras distinta. En estas cavilaciones andaba yo cuando al pasar por las canchas de básquetbol me teletransporté a una época todavía más lejana, me fui a la secundaria. Más en específico a mis clases de deportes, que por cierto fueron las que más sufrí. Se pueden imaginar que entre mis múltiples habilidades de aquel entonces no estaba ser una gran deportista, creo que es un poco obvio que más bien siempre fui la clasiquísima “NERD”, sacando muchos, muchos dieses, estudiando todo el tiempo, haciendo mis deberes todo para siempre estar en el cuadro de honor.

Como es bien sabido las personas de esta noble naturaleza tiene su talón de Aquiles en todo lo que requiera sociabilización y coordinación motriz ya que simplemente cuerpo y mente viven separados. En mi caso fue un poco peor pues durante dos años tuve de profesor ni más ni menos que a “Hitler”, y si me pregunta el apodo no le hacía justicia, pues se quedaba corto.

Imagínense, cada curso lo dividía en Voleibol, Gimnasia, Basquetbol y Atletismo, en todos uno tenía que participar y pasar exámenes prácticos!!!, y si no cumplías los requisitos mínimos te reprobaba. Adivinen cuál era mi peor temor de aquél entonces ? Efectivamente, reprobar una materia!!! Pero bueno, la única parte que disfruté un poco fue el básquet, porque formamos un equipo bien bonito que entrenábamos todos los jueves y como que eso de sentirme parte de algo me gustaba, ya ven Maslow tiene razón con su pirámide. Además fue exactamente ahí donde viví el día más maravilloso que puedo recordar en cuanto a deportes se refiere. Fue un entrenamiento antes del torneo, era donde el papá de mi amiga Paola iba a dar las alineaciones finales. Bueno ese día jugué como nunca, sentía que era la versión femenina de Michael Jordan. Subía, bajaba, anotaba, toda una tigresa del baloncesto. El momento culminante fue cuando le robé un balón al mismísimo entrenador para anotar. No cabía de la felicidad, había vivido equivocada me decía a mí misma, los deportes eran mi vocación. Me sentía brillar y los demás lo notaban, tan fue así que me nombraron capitana del equipo!!! No lo podía creer, pero no podía esperar a que toda la escuela viera lo buena que era !! Todo la noche me la pasé imaginando cómo iba a alzar el trofeo, claro mi speech, los autógrafos, no sabía si podría manejar la fama. Fue así como llegó el tan esperado torneo, nosotras abriríamos contra las del salón M-10. Era un día soleado, con el cielo azul y muchas niñas ataviadas en sus camisetas y shortcitos blancos junto con sus calcetas largas y tennis inmaculados, todo indicaba que sería un día perfecto, excepto que no sentía llegar la magia, al contrario con el silbatazo de inicio, me sentí un poco mareada. Todavía no sé si fue pánico escénico, que cené pesado o qué, pero dí el peor partido de la vida, no lograba manejar el balón, no daba un pase bueno, y para colmo a los 10 minutos me estaba sofocando, no podía, así que con todo el dolor de mi corazón pedí mi cambio, casi todo el partido lo vi desde la banca, no recuerdo muchos detalles pero la cosa es que perdimos, solamente diré que nuestras contrincantes no se despeinaron ni un poquito. Todo aquel que ha jugado cualquier deporte, sabe que la derrota cala hondo, a mi me caló doble pues fracaso como jugadora y como capitana. Ese ha sido mi mayor problema, todo me lo tomo muy en serio. Ahora que lo pienso pues no era para tanto pero la señorita perfection pues no lo veía así. Todas estábamos desechas, claro yo más, era como si estuviera viviendo la cruda de la embriaguez y éxtasis del día anterior. No me lo lograba explicar, a dónde se había ido ese talento, a dónde????, que alguien me lo explique !!! pedía en silencio. Después como bien señala la psicología moderna, de la negación pasé a la aceptación. Me di cuenta que dicho talento nunca existió, que viví un momento de fugaz inspiración que como decía mi abuelita una golondrina no hace verano. Desde entonces me sigo preguntando qué hacer para que todo el tiempo sea verano. Lo cual me lleva a decir que efectivamente todo sigue igual pero distinto.

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