sábado, 23 de enero de 2010

Va de nuez

La semana pasada me decidí a ir de nuevo a los paseos culturales de la ciudad. Después de una intensa búsqueda en la página del gobierno del D.F. volví a encontrar el calendario. Hubo en momento en donde casi me doy por vencida, gracias a mis fallidas habilidades para encontrar lo que necesito en el Internet, con todo y su poderosísimo Google, creí que habían cancelado el programa hasta que de pronto me di cuenta que en uno de los cientos de actividades listadas en la cartelera mensual se encontraban mis añorados recorridos.

La cita seguía siendo los domingos a las 10.45 a.m. El proceso es simple, el día señalado, en la hora señalada en el lugar señalado llegas y encontrarás a unos 10 guías que te llevaran a conocer lugares, calles, casas y sus historias, solamente tienes que elegir a uno para anexarte a su grupo y dejarte llevar.

El pasado domingo el recorrido fue en Tlalpan, en el sur, sur, sur de la ciudad, que para mí que vivo en el norte, nortísimo, más que paseo fue una expedición darwiniana. Con mi medio litro de agua, gorra, lentes y cámara me dispuse a la aventura y ahí estaban los mismos guías que había conocido hace más de 10 años.

Muchos recuerdos se me vinieron a la mente, al momento que los escuchaba y veía sus gestos, de pronto me daba cuenta que ellos eran aquellos con quienes visité Tlateloco, Tacuba, el Centro, el Templo Mayor. Me pregunté si ellos se acordarían de mí. Después de sonreírle a tres y ver cero reacción en su cara supe que la respuesta era que no, no tenía idea que yo fui su seguidora años atrás.

El problema estuvo en que no podía recordar cuál era mi guía favorito. Porque hace 10 años que descubrí estos paseos, probé con todos, y claro que tenía mis consentidos pero no logré acordarme cuál era el bueno. En este proceso me cambié más de tres veces de grupo, pues de pronto veía a uno y me decía ese es, y luego aparecía otro, y de nuevo me decía ah ella sabe mucho y la escuchaba un rato pero no me convencía entonces iba con el/la siguiente, durante un buen rato estuve como chapulín en comal, saltando de aquí para allá. Hasta que me decidí por la “maestra”, apodo que le puse yo mera porque todos sus paseantes cuando le hacen una pregunta empieza con “MAESTRA: ¿en qué año se construyó esta parte?” o “MAESTRA ¿es cierto que aquí vivió Fray Bartolomé?, para todo es maestra por aquí, maestra por allá.

Fue un buen recorrido en un soleado día. Iniciamos en una iglesia que data del siglo 16, en lo alto de Tlalpan para seguirnos a la antigua fábrica de vidrio, donde ahora sólo se vende el producto terminado y con un video te enseñan cómo lo hacen. Hace tanto que no caminaba por las calles, no me había dado cuenta pero sólo viajo en coche, hace tanto que no sentía mi cara quemada por el sol y mi boca sedienta, medio litro de agua fue muy muy insuficiente.
Pero también tuve la sensación que regresé a esos paseos por algo y que no lo estaba encontrando. Al principio quería ir todos los domingos, pero ahí me di cuenta que con una vez al mes estaría bien. Me sigo preguntando que es eso que fui a buscar.

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